martes, 20 de mayo de 2008

EL CAIRO EN EL CIELO






Está científicamente comprobado que las coincidencias no existen y por eso no sorprende que también en la esquina de Sarmiento y Santa Fe, allá en el Cielo, esté ubicado el recientemente inaugurado Bar El Cairo.
Rompe con la típica geografía del lugar. Quizá sea porque aún conserva el olor a nuevo, ya que fue inaugurado justo para el 20 de julio de 2007 y con la llegada a uno de los invitados más ilustres. El Negro.
Desde su arribo el rosarino anda ocupado en seguir minuciosamente la campaña de su Central. Dicen, los que han podido intercambiar palabras con él, que apenas se lo escucha, ya que aún no se recuperó de la disfonía que le generó el grito del gol del Killy González en tiempo de descuento y contra Racing.
Eso no le impide escribir y dibujar, y por éstos días está detrás de un nuevo cuento futbolero al que le quiere imprimir un toque surrealista.

Algún mozo infidente de esos que nunca faltan en los bares, pero que resulta indeseable para los integrantes de la mesa, ha aportado algo de un diálogo del escritor con un amigo. Creemos que se trata del Pelado Reinoso.
Según el empleado gastronómico el más célebre canaya le decía a su ladero: -Se me ocurrió un cuento con una historia medio rara, medio loca.
El protagonista es un pibe de 21 años que siempre soñó con ser jugador de fútbol pero que no hizo las inferiores en un equipo de los conocidos.
Digamos que el muchachito salió de un pueblo medio perdido por Entre Ríos, que se yo, pongámosle de Villa Elisa. A ver, el pibe no tiene un nombre muy de crack. Ni Diego, ni Gastón, Ni Jonathan; más bien de chico de una buena familia que por tradición eligió bautizarlo como Ricardo.


Ahí está! Si, se va a llamar Ricardo. Así le dicen Ricky, o Tito, o algo así de simple. Lo que no será simple es su apellido. No. Le vamos a cagar la vida a los relatores de radio –si es que el pibe llega a Primera División. Nada de Carranza, ni Maggiolo, ni Tonelotto; nada que ver con esos apellidos que les permiten lucirse arrastrando las erres o con personalidad definida.
No. Nuestro protagonista es de origen francés. Su apellido será Noir, y que se arreglen los demás con la fonética franchuta.
Ya está. Señores, atentos que aparecerá en el fútbol grande de la Argentina el joven Ricardo Noir!!!
Tito siempre soñó con jugar en Boca (total, si es cuestión de darle vuelo a la historia se lo damos). Desde chiquito le decía a sus padres y amigos que él iba a ponerse la camiseta xeneise.
Pero se le fueron pasando los años y nuca pudo empardar a aquellos purretes que con 14 o 15 agarraban el bolsito y se iban para la pensión de Casa Amarilla.
Para colmo de males su familia nunca estuvo muy acomodada que digamos. Es más bien, de los que la tienen que pelear y mucho para poder servir dignamente la mesa de todos los días. Por eso mientras algunos amigos de Tito le contaban de que habían visto de cerca a Battaglia, Riquelme y Palermo él tenía que seguir trabajando de albañil o levantando bolsas de arroz en la cooperativa del pueblo.

-Y si ahora cambiamos la historia?, le preguntó el interlocutor al escriba.
-Y si le das un final abrupto y la dejas así, como que con el pibe no pasó nada, que no llegó, que se sobrepuso a la depresión, que se casó con la Gladis (su noviecita de siempre), que tuvieron 3 hijos, que engordó más de 30 kilos y ya no puede ni prenderse en un picado? Dale, por una vez en la vida hacé que el cuento termine mal, o al menos con el final menos feliz. Si al fin y al cabo no es más que una historia llena de fantasías.
-No, pará! Si ya me encariñé con Ricardo "Tito" Noir...
Dejá que te siga contando cómo lo imaginé:
“El pibe de buenas a primeras es descubierto por uno de esos cazatalentos que siempre andan por los potreros más impensados y que tienen un contacto en los clubes de Buenos Aires o Rosario. Y así se le dio la oportunidad de llegar a Boca.
-Si, ya se que me vas a decir que es medio raro que un pibe aterrice así como así, con 19 años, a las inferiores de Boca. Que cómo se les iba a pasar justo a los de Boca, que es imposible...
En éste caso no es que son unos mamertos. Acá la cosa es que Ricardito es un personaje de un cuento futbolero y por lo tanto todo, o casi todo, vale. Callate y seguí escuchando...
Tito se adapta lo más bien a la pensión, empieza a jugar en la reserva, hace la pretemporada. No puede creer todo lo que le pasa. Y como regalo especial para su familia un día les mandó a los viejos una foto que se sacó con Juan Román Riquelme. El Romy, como él mismo les escribió en la carta.
Bueno, la cuestión es que un día, vamos a ponerle que porque a la primera la guardan para jugar la Copa Libertadores, los de la rivera reciben a otro equipo grande en la Bombonera, con una formación de los ahora llamadas “alternativas”. Y ahí está el Tito. Le tiemblan las patas cuando tiene que cruzar esos cien metros que van desde el túnel hasta el banco de los suplentes. No quiere ni mirar para la izquierda. O si. Se le van los ojos y los oídos para el lado de la tribuna local.
-¿Será para mi todo eso que cantan?, se pregunta. Y sigue como en un sueño.
El partido es de medio pelo. Solo lo sostiene la importancia de ser un clásico. Devaluado, pero clásico al fin.
Para darle más dramatismo todavía vamos a imaginar que el rival está muy comprometido con el descenso Que está al horno, como dicen ahora los chicos. Pero resulta que aún con su malaria a cuestas empieza ganando.
-Escuchate ésta, a ver si te gusta así, bien loca la historia: el gol de los contrarios lo hace un chileno, al que llamaremos Reinaldo Navia, y al que lo estaban por deportar porque llegó con la chapa de artillero y hasta ahora no había mojado ni al lavarse la cara.
Ganan ellos 1 a 0. Desde su tribuna llegan cédulas judiciales exigiéndole al árbitro (un flaco que mide como 2 metros) que lo termine ahí mismo. Pero no hay caso.
El partido sigue y Tito piensa mientras mira de reojo al técnico: -¿éste no me va a poner? Yo le gano el partido si me mete!
El visitante se siente chocho con la victoria parcial, empieza a recular y el arco de Boca le queda cada vez más lejos. Y Boca va...
Un compañero de Tito, un tal Chávez, mete la mano y ni el árbitro ni el asistente lo marcan, la pelota le queda al defensor Paletta y el flaco la manda a guardar a 15 minutos del final.
A Ricardo Noir le sudan las manos mientras sigue haciendo el trotecito por el lateral de la cancha, por si al técnico se le canta que entre.
Y lo llaman. Y va. Se ajusta los cordones de sus flamantes, furiosos y naranjas botines. Como el boxeador que se ajusta los guantes aún más contra sus puños para dar la trompada decisiva. O como el torero que repasa el filo de la espada con la que, intuye convencido, va a dar la estocada final.
Entra Tito al césped de la Bombonera de Buenos Aires. Lo que debe ser Villa Elisa!!! Mamita!!!
Tito anda por la derecha del ataque y un defensor rival lo cruza feo, y cuando están en el piso el otro la aplica un cabezazo. Tarjeta roja, uno menos. La gente aplaude a Tito como si con sus aplausos mitigaran el dolor por el golpe recibido.

-Che, para un poquito., interrumpe el amigo al escritor rosarino. -No se te está yendo la mano? Parece “Ben Hur” más que un partido de fútbol. Ahora solo falta que me digas que el Tito ese hace el gol del triunfo.
-Shhh!!! Callate que sigue. Bancá que falta poco, le ordena el Negro.
Sobre el final, y recostado por el sector izquierdo del ataque de Boca, cerquita de los palcos que habitan esos que tienen más guita anda Ricardo Noir. Y le queda una pelota que es toda una invitación a calzarla de lleno y salir gritando. Palo!!! -Q lo parió!!!, grita Tito.
Ya se va la tardecita.

-Sabés que me la veo venir?, interrumpe otra vez el interlocutor.
-Fija que ahora el guacho la clava y ganan. Se te fue la mano. No te lo cree nadie!
-Callate!!!, ordena el Negro.

Otra vez Ricardo Noir, Tito para los de Villa Elisa, encuentra una pelota que es una invitación al bombazo. Esta vez tratará de darle un poquito más acá, para que no se vaya para allá, para que no vuelva a pegar en el palo. Y le pega, y cruza el remate...
Y señoras y señores!!!... Un relator se desgañita gritando: Gooooolll de Boca!!! Goooollll de Ricarrrrrdo Noirrrrr!!! Goooollll del Tiiiiito, carajo!!!
Y sigue bramando desde la radio: -En el final del partido, en el crepúsculo de una tarde de sábado y a orillas del riachuelo, con el esfuerzo del muchacho de Villa Elisa, ese que hace apenas dos años estaba trabajando en la cooperativa, Boca encuentra la victoria!!!
Boca da vuelta el partido!!! Boca festeja un triunfo histórico derrotando a...
-qué se yo, dice el autor del cuento. –acá para no quedar mal con nadie inventamos el nombre de un equipo cualquiera y listo.

De pronto el cielo se oscureció y un rayo quebró la tarde. En el Bar El Cairo (sucursal Cielo) todo quedó en penumbras y en silencio.
Los habitantes de la nueva Mesa de Los Galanes, Roberto y el Pelado, se miraron el uno al otro sin entender nada.

Acto seguido, y desde allá del lado de la puerta, apareció una luz y una voz que entregó una sentencia:
-Señores, nada de inventar el nombre del rival del equipo de Tito. A ese rival ya todos lo conocemos. Esas cosas solo le suceden a Racing...

4 comentarios:

El Cholo de Catán dijo...

Que bueno lo que has escrito...Sos un capo César!!!

Anónimo dijo...

Conocemos la familia de Tito Noir,somos de Colón, E Rios. Muy buena la Historia, Felicitaciones!
Flia Gómez.

Anónimo dijo...

bien escrito cesar, me emocione, soy de villa elisa y tuve la suerte de jugar con tito y es un grande; ojala que la rompa porque se lo merece porque es un excelente "guri" como le decimos nosotros

Anónimo dijo...

Que bueno Cësar!! Estabamos buscando el apodo de Noir en la web porque esta tarde lo vamos a ir a alentar a la Bombonera y nos encontramos con tu cuento,una maravilla, y fue REAL!! Un Abrazo!!